¿Lagartos terribles?

Como ya les había mencionado antes, el paleontólogo inglés Sir Richard Owen, bautizó un grupo de animales extintos en 1842 y les dio el nombre de Dinosauria que significa “lagartos terribles” (del griego deinos-terrible y sauros-lagarto).

Hoy sabemos que los dinosaurios y las aves no son realmente lagartos, y tampoco están emparentados cercanamente con ellos. Pero entonces… ¿Por qué les pusieron así?

Mucha de esta confusión es puramente semántica, derivada de la forma en que se nombraron estos grupos para su estudio. Y el primer culpable de esta situación es quien inventó el sistema de nomenclatura binomial, el naturalista Carlos Linneo.

Al publicar la décima edición de su obra Systema Naturae, Linneo consideró a los reptiles dentro de la clase Amphibia, junto a las serpientes y peces cartilaginosos, como rayas y tiburones, pues según él, eran suficientemente similares entre sí y distintos a los demás para agruparlos. Como dato curioso, las ranas y salamandras entraban en su clasificación de “reptil”.

Con el paso del tiempo, la clasificación de Linneo se modificó. Los reptiles ganaron un lugar a nivel de clase y se delimitaron a tortugas, serpientes y saurios (estos últimos, lagartijas y cocodrilos).

Ese era el estado de las cosas cuando se formalizaron las descripciones de animales extintos entre los siglos XVIII y XIX. En los tiempos de Cuvier y Owen, cualquier cosa reptiliana que no fuera una serpiente o una tortuga, era por eliminación, un lagarto. Los naturalistas que estudiaron la variedad de organismos fósiles que descubrían comenzaron a crear nuevas agrupaciones basadas en sus semejanzas y diferencias, pero estaba claro que todos eran “grandes lagartos” y eso no se puso en duda hasta mucho tiempo después.

Con el entendimiento del papel de la evolución y la búsqueda de generar clasificaciones naturales (basadas en relaciones ancestro-descendiente), muchos de los nombres y grupos clásicos quedaron en desuso, pues se demostró que incluían organismos que no se relacionaban de cerca (como fue el caso de los Tecodontos y los Anápsidos), otros se mantienen por tradición y simpleza, aunque su aplicación taxonómica ya no sea válida para enunciar grupos naturales (como “peces” o “reptiles”) y otros engloban más organismos de los que se pensaba originalmente, como es el propio caso de los dinosaurios, que incluyen a las aves como su única rama superviviente hoy en día.

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