8M: lucha, sororidad y resistencia

Esto es un grito de lucha, de coraje y de valentía. Un camino de más de diez décadas de historia, de revolución y de cambios.

Con más de 6 mil feminicidios registrados —y tipificados como este delito— en los últimos siete años, y alrededor de 4,160 delitos sexuales registrados por cada 100,000 mujeres, entre los que se incluyen acoso, abuso, manoseo e intentos de violación, hoy miles de mujeres marchan por las que ya no están, por las que siguen y por todas.

Con la sororidad en sus pancartas y la convicción en sus pasos, marchan madres buscadoras, integrantes de colectivos feministas, amas de casa, trabajadoras, madres, hijas, primas, amigas, hermanas y mujeres que buscan consolidar un país donde no solo su voz sea escuchada, sino también haya mayor seguridad ante la ola de violencia que vivimos día con día.

La Ley Ingrid, Ley Valeria, Ley Olimpia, Ley Malena, Ley Monse, Ley Sabina y Ley Alina son algunos de los avances impulsados por este movimiento, que busca visibilizar —y sancionar— la violencia, la discriminación, el acoso y el machismo a los que son sometidas millones de mujeres.

Porque en este país la violencia de género continúa creciendo y, aunque la lucha sigue activa, aún hay quienes buscan callar, denigrar y frenar el progreso que tantos años de marchas, movimientos y resistencia han costado.

Hoy, 8M, levantamos la voz y gritamos al unísono: NO MÁS VIOLENCIA CONTRA NIÑAS Y MUJERES. Porque hoy se marcha, pero todos los días se lucha.