
Hace algunos meses en México empezó un brote de sarampión que se ha ido extendiendo por el país. Las causas son muy variadas: unos culpan al gobierno, otros mencionan que fue causa mundial, entre otras cosas, temas que la presente columna no abarca.
Sin embargo, con el inicio de la vacunación empezaron a aparecer voces contrarias. Las cuales ya habían aparecido durante la pandemia del COVID-19 y enfermedades anteriores: los antivacunas.
Los antivacunas no son un movimiento moderno, de hecho, surgieron alrededor de 1722 con la oposición a la inoculación, el antecesor de la vacunación. El teólogo ingles Edmund Massey predicó un sermón titulado “La peligrosa y pecaminosa practica de la inoculación” donde condenaba la práctica como “maligna”.
Posteriormente en el siglo XIX, con la obligatoriedad, por parte del gobierno, a la vacunación, surgieron movimientos contrarios debido a la desconfianza en las instituciones gubernamentales, efectos secundarios reales o falsos y violación de las libertades individuales. Dicho movimiento tuvo más fuerza en Reino Unido y Estados Unidos. El humano tiene la tendencia a oponerse cuando se le obliga.
En la edad moderna, el movimiento resurgió en 1998 con el médico Andrew Wakefield quien publicó un artículo fraudulento en donde relacionaba la vacuna triple vírica con el autismo e inflamación intestinal. En el 2010 se descubrió el fraude al demostrar que había manipulado datos además de conflictos de interés. Esta situación culmino con el retiro de su licencia medica. No obstante, la idea se viralizo y se instalo en la mente de las personas.
Actualmente existen muchos estudios donde se analiza la seguridad de las vacunas demostrado, sin lugar a dudas, la ausencia de relación de esta con el autismo, ni daño como se quiso hacer creer. No obstante, muchas personas siguen rechazando la vacunación por los motivos mencionados con anterioridad y nuevos, como el argumento de la conspiración farmacéutica “Big Pharma”.
Las personas son antivacunas no solo por ignorancia si no también por sesgos cognitivos que confirman ideas preconcebidas con casos aislados. Además, la gente suele sobreestimar sus conocimientos, incluso por encima de estudios rigurosos (efecto Kruger Dunning) Aunado a lo anterior, la necesidad inherente de pertenencia a un grupo propia de los seres humanos en el cual poder encajar y al encontrarlo se obtiene un sentimiento de identidad y comunidad en el que se sienten apoyados. Abandonar estas creencias suele ser un duro golpe al
perder parte de su identidad y aceptar el error.
La vacunación ha salvado muchas vidas y ha ayudado a proteger muchas otras. Como cualquier medicamento tiene efectos secundarios, sin embargo, estos son mínimos comparados con los enormes beneficios. Vacúnense