
by Anahi M. Elias Quevedo
Repunte de discursos radicales, extremismo religioso, rumores de una guerra inminente, rechazo ante los avances científicos, apoyo a prácticas totalitarias y fascistas, nacionalismo creciente, fanatismo desbordado… pareciera la lista de temas tratados día con día en cualquier noticiero. Sin embargo, no pocos se sorprenderán si les dijera que hablo de un libro escrito hace 100 años.
En el libro de “La Montaña Mágica” de Thomas Mann, un abismo temporal nos separa de lo que fue y lo que es, no obstante las mismas ideas parecen atravesar las fronteras invisibles del tiempo. Ideas que siguen en las mentes de quienes apenas comienzan a formarse un pensamiento crítico, porque en cierto sentido todos hemos sido, somos o seremos Hans Castorp.
Debemos empezar diciendo que el joven Castorp, un ingeniero naval recién graduado, acude a visitar a su primo al sanatorio internacional Berghof, en los Alpes Suizos. Un espacio de retiro para el tratamiento y recuperación de enfermos de tuberculosis.
El confinamiento ofrece un sistema cerrado donde las ideas se contagian, infectan y amplifican mientras permanecen ajenas al mundo exterior. Un ambiente de apatía por el mundo real donde la enfermedad termina convirtiéndose en un pretexto para su cruzada nihilista. Bajo este contexto, en el presente, comparo este aislamiento y la rumiación de ideas con las redes sociales.
Las redes sociales se presentan como un entorno para aislarse del mundo con la promesa de recuperarse después de una estancia temporal. No obstante, como Hans, se puede quedar atrapado dentro de las dinámicas y normas propias del ambiente.
En este caso no son las cómodas tumbonas ni las deliciosas comidas lo que encanta, son los videos, las fotos, las vidas de ensueño. Podríamos escuchar una y otra vez que nos alejemos, pero es poco probable que hagamos caso una vez embebidos en esta atmósfera.
En el libro, Hans escucha las ideas que se transmiten, aunque en ningún caso resultan neutrales. Las conversaciones están cargadas de prejuicios, ideologías y convicciones personales, étnicas y grupales, porque no es lo mismo sentarse con los rusos comunes, los rusos distinguidos, los pacientes más antiguos o los moribundos. Las opciones existen, pero los lugares no son ocupados de forma libre, su distribución corresponde a una mezcla de jerarquías, nacionalidades e ideologías.
En algún punto resulta inevitable la contraposición de posturas ideológicas cuyos planteamientos terminamos aceptando. Podríamos pensar que la gran mayoría de nosotros reconocería y censuraría enfoques racistas, autoritarios, fascistas o radicales, pero no siempre resulta así.
En el sanatorio, figuras como Settembrini, Naphta y Peeperkorn presentan visiones rígidas del mundo buscando controlar la narrativa dominante. En las redes sociales, al igual que Castor, nos bombardean las diferentes interpretaciones del mundo. En un inicio podemos discrepar de las más radicales, pero la exposición repetida, el carisma de los influencers, y un ambiente confinado pueden terminar por convencernos.
Al final de la novela Hans Castor decide volver al mundo real, aunque su mente se ha visto transformada después de su estancia en el sanatorio. Su reencuentro con la realidad resulta un tanto dolorosa y chocante.
En el presente, al volver de las redes sociales, nuestra percepción del mundo se modifica. Salir de la burbuja no es una decisión fácil, sino un ejercicio de constante resistencia frente a entornos repetitivos sobre reflexivos.
Tomémonos el tiempo de descubrir diferentes formas de pensar y experimentar el mundo. No dejen de leer esta obra cumbre de la literatura universal, una novela imprescindible en estos tiempos.
*Ilustración generada con inteligencia artificial (DALL·E/OpenAI) a partir de un concepto editorial basado en el texto La Pantalla Mágica de El Contemporáneo.