El dinosaurio olvidado de Cuvier

Ya les había comentado que las primeras descripciones científicas de dinosaurios fueron publicadas en los años 20s del siglo XIX, provenientes de Inglaterra.

Pero en realidad esto no sería del todo preciso.

Hubo una descripción formal y científica de un fósil de dinosaurio previamente y fue realizada por el mismísimo Georges Cuvier, célebre naturalista francés y padre de la Paleontología.

Resulta que Cuvier publicó la descripción de las vértebras de un dinosaurio terópodo en el año 1808. El material provenía de Honfleur al norte de Francia, pero este venía combinado con restos de cocodrilos marinos.

El detalle más importante radica en que el erudito no hizo una distinción entre los fósiles de cocodrilo y los de dinosaurio y más importante aún, los describió, pero no se tomó la molestia de acuñarles un nombre.

En Biología es bien sabido que una descripción que no se acompaña de un nombre resulta tan inválido como un nombre que no se acompaña de una descripción.

En 1822, Cuvier revisitó su material y se dio cuenta que había una diferencia marcada entre los fósiles, y aunque de nuevo se abstuvo de darles nombre, concluyó que el material contenía dos tipos diferentes de animales.

En 1825 su colega Étienne Geoffroy Saint-Hilaire por fin nombró los dos tipos dentro del material de Cuvier, dándoles los nombres de Steneosaurus rostrominor y Steneosaurus rostromajor, pero a su parecer ambos eran cocodrilos marinos.

Una revisión del paleontólogo alemán Christian von Meyer en 1832 le permitiría corroborar que Steneosaurus rostromajor no era un cocodrilo marino, sino un gran saurio terrestre, como los hallados por  Mantell y Buckland. Le dio el nombre de Streptospondylus altdorfensis siendo el primer dinosaurio en recibir un nombre binomial.

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