- Un balance del sector primario mexicano: entre récords exportadores, soberanía alimentaria en disputa y programas sociales que aún buscan su raíz.
El sector que menos aparece en los grandes titulares de negocios fue, en 2025, el que salvó las cuentas nacionales. Mientras la industria manufacturera se contraía y el fantasma arancelario de Washington nublaba el horizonte, las actividades agropecuarias y pesqueras crecieron 5.3% en términos anuales, convirtiéndose en el principal motor del magro 1.6% de expansión que registró el PIB. El campo, ese espacio que la narrativa del progreso suele tratar como pasado, resultó ser el más presente de todos los sectores.
Pero crecer no es lo mismo que estar bien. Y estar bien en las cifras agregadas no es lo mismo que florecer en el surco, en el puerto, en el rancho. En esta primera entrega y a manera de presentación he querido reflexionar con honestidad sobre algunos ejes que son relevantes para el sector que sostiene al país y que es una de las pasiones más grandes de mi vida: el campo mexicano. Sin romantizarlo ni despacharlo como nota de color. Porque lo que ocurre en el sector primario de México es, al mismo tiempo, una historia de potencia exportadora extraordinaria y de vulnerabilidades estructurales que ningún récord en toneladas de aguacate puede disimular.
El maíz y la herida del T-MEC
Pocas historias del campo mexicano concentran tanta carga simbólica, política y alimentaria como la del maíz. En diciembre de 2024, un panel del T-MEC falló a favor de Estados Unidos en las siete reclamaciones que había presentado contra México, determinando que las restricciones al maíz transgénico impuestas desde el gobierno de López Obrador no tenían sustento científico suficiente bajo los estándares del tratado. En febrero de 2025, el gobierno de Sheinbaum tuvo que retirar la prohibición a las importaciones de grano genéticamente modificado para consumo humano.
La respuesta de nuestra Presidenta fue astuta pero parcial: envió al Congreso una reforma constitucional que no prohíbe la importación ni el consumo del maíz transgénico, sino que eleva a rango constitucional la protección de los maíces nativos y el principio de que no se sembrará grano modificado en territorio nacional. Un escudo simbólico para una derrota real. El mercado siguió su propia lógica: en los primeros dos meses de 2026, México importó casi cuatro millones de toneladas de maíz estadounidense —la mayor parte amarillo y transgénico—, una cifra récord para ese periodo que representó un incremento de 11% respecto al año anterior y equivale a cerca de 900 millones de dólares en solo ocho semanas.
México protege con la Constitución lo que no pudo defender en el panel arbitral: sus maíces nativos. Pero el grano transgénico ya entra por toneladas, y la dependencia alimentaria de nuestro vecino del norte no hace más que profundizarse.
La contradicción es profunda. México es el centro de origen y diversidad del maíz en el mundo —una responsabilidad civilizatoria, no solo agrícola— y al mismo tiempo depende estructuralmente de importaciones masivas del mismo grano en su variedad industrial. Las voces más críticas señalan que el fallo del T-MEC expone una asimetría fundamental: el tratado puede usarse para cuestionar políticas sanitarias o culturales de México, pero resulta impotente cuando Estados Unidos amenaza con aranceles unilaterales del 25%. La partida no es pareja.
Exportaciones: el brillo del aguacate y sus sombras
Si hay un producto que ilustra tanto el éxito como las tensiones del campo exportador mexicano, es el aguacate. Las exportaciones de este fruto alcanzaron 3,906 millones de dólares en 2025 —ligeramente por debajo de la proyección del USDA, pero aun así un nuevo máximo histórico—. México proveyó alrededor del 88% de las importaciones totales de aguacate de Estados Unidos. Michoacán y Jalisco, las dos únicas regiones habilitadas para exportar al mercado estadounidense, lideraron una temporada 2025-2026 que proyectó enviar 127,000 toneladas solo durante las semanas del Super Bowl, un incremento de 11% respecto al año anterior.
El aguacate es el tercer producto agrícola más exportado por México, detrás de la cerveza y el tequila. Pero esta concentración en cultivos de exportación conlleva riesgos que la industria prefiere no advertir en los comunicados de prensa: la dependencia de un solo mercado para más del 80% del volumen exportado, la presión sobre el uso del suelo en Michoacán —donde coexisten los huertos más productivos del mundo con algunas de las comunidades más violentadas por la criminalidad organizada—, y la fragilidad ante cualquier perturbación climática o geopolítica.
Más allá del aguacate, las exportaciones agroalimentarias totales registraron en los primeros once meses de 2025 una ligera contracción de 99 millones de dólares respecto al mismo periodo de 2024, señal de que el dinamismo del sector no es uniforme. El contexto arancelario impuesto por la administración Trump introdujo incertidumbre en toda la cadena exportadora, con efectos que aún se están procesando.
La ganadería: entre el gusano barrenador y la carne de Brasil
El sector ganadero mexicano atraviesa uno de sus momentos más complejos en años recientes, y las presiones vienen de dos frentes simultáneos. Por un lado, la emergencia sanitaria del gusano barrenador del ganado paralizó las exportaciones de bovino en pie hacia Estados Unidos desde el norte del país —Chihuahua, Sonora— durante meses de 2025. Para 2026, el USDA proyecta que las exportaciones mexicanas de ganado bovino en pie hacia ese mercado desciendan prácticamente a cero.
Sin embargo, la misma agencia anticipa un aumento del 6% en los envíos de carne de res de alto valor —unas 335,000 toneladas—, lo que sugiere una reconfiguración del modelo exportador: menos ganado vivo, más cortes certificados desde plantas TIF. Las plantas mexicanas de Tipo Inspección Federal han alcanzado estándares que les permiten competir en mercados asiáticos.
Por el otro frente, el mercado interno está bajo presión de importaciones. Hasta octubre de 2025, habían ingresado al país más de 100,000 toneladas de carne brasileña bajo cuotas libres de arancel. La Confederación Nacional de Organizaciones Ganaderas propuso topar las importaciones de países sin TLC a 70,000 toneladas anuales. El riesgo real: una sobreoferta que hunda los precios al productor y afecta a las y los pequeños ganaderos que no tienen margen para absorber caídas.
México puede exportar carne premium a Asia y al mismo tiempo desproteger al pequeño ganadero y ganadera ante la carne subsidiada de Brasil. Ambas cosas ocurren al mismo tiempo, en el mismo país.
Pesca y acuacultura: presupuesto raquítico para un sector estratégico
La pesca y la acuacultura representan una dimensión frecuentemente ignorada del sector primario mexicano, pese a que alimentan a comunidades costeras enteras y son fuente de proteína accesible para millones de mexicanos. El gobierno de Claudia Sheinbaum ha declarado que estas actividades son “prioridad nacional”, y en 2025 el programa Bienpesca benefició a más de 192 mil pescadores-pescadoras y acucultoras-acuacultores de pequeña y mediana escala con un pago directo.
En el terreno de la sostenibilidad, Conapesca concluyó 2025 con avances en la vigilancia del Alto Golfo de California, donde 848 embarcaciones cuentan con monitoreo satelital como parte del plan para proteger a la vaquita marina y combatir la pesca ilegal de totoaba.
Pero la promesa discursiva contrasta con los números presupuestales. Para 2026, Conapesca y el Instituto Mexicano de Investigación en Pesca y Acuacultura Sustentables (IMIPAS) recibirán recortes de casi 5.8%, según un análisis de la organización Oceana. La ironía la señala la propia directora de esa ONG: una presidenta con formación científica está reduciendo el presupuesto a la investigación pesquera, que es la base técnica que permite a los pescadores adaptarse al cambio climático y a la merma de caladeros. Sin datos, no hay política pesquera responsable.
Los programas sociales: entre la deuda histórica y las preguntas incómodas
Ningún análisis del campo mexicano puede eludir el debate sobre los programas sociales. Sembrando Vida es el más ambicioso de ellos: opera en más de mil municipios de 24 estados, cubre aproximadamente 1.14 millones de hectáreas, atiende a cerca de 432,000 sembradores —33% mujeres—, y al cierre de 2025 acumulaba más de 1,202 millones de árboles plantados. En 2026, el jornal mensual para cada sembrador se fija en 6,450 pesos.
La discusión académica sobre su efectividad real es genuinamente compleja. Investigaciones cuantitativas muestran que el ingreso adicional mejora el consumo de los beneficiarios y reduce localmente la pobreza. Sin embargo, estudios del Centro de Estudios para el Cambio en el Campo Mexicano documentan que la lógica individualizada del programa puede debilitar las formas tradicionales de toma de decisiones colectiva y la cohesión de los territorios. La falta de respaldo estadístico robusto para muchos datos oficiales hace difícil evaluarlo con rigor independiente.
El problema de fondo es que Sembrando Vida, como gran parte de los programas de transferencia directa (Producción para el Bienestar, Precios de Garantía, entre otros) atiende síntomas de la pobreza rural sin resolver sus causas: acceso a agua, titularidad de la tierra, crédito productivo, tecnología, mercados justos y seguridad en el territorio.
El presente y futuro inmediato para el campo mexicano.
El sector primario mexicano entra a la segunda mitad de la década de 2020 con una agenda de tensiones acumuladas. El T-MEC, cuya revisión formal está prevista para 2026, pondrá sobre la mesa desde el maíz transgénico hasta la carne, el aguacate y las reglas de origen en el sector pesquero. La presión arancelaria de Estados Unidos no ha desaparecido y podría recrudecerse. El cambio climático amenaza con reducir los rendimientos en zonas ya vulnerables, mientras que los recortes a la investigación agropecuaria y pesquera dejan al sector con menos capacidad de anticipar y adaptarse.
Al mismo tiempo, hay razones para no caer en el catastrofismo. El crecimiento del sector primario en 2025 no es accidental: refleja la capacidad real de los productores mexicanos de responder a la demanda internacional cuando tienen mercados abiertos. La diversificación hacia carne premium, la consolidación del aguacate y las berries como productos de exportación sofisticada, y la incipiente modernización de las plantas TIF son señales de un sector con potencial genuino.
La pregunta que en este espacio seguiremos formulando a lo largo de las entregas es si ese potencial se distribuye o si sigue concentrándose en pocos actores mientras la mayoría de los 6.2 millones de personas que trabajan el campo, el mar y los ríos de México vive con ingresos insuficientes, sin seguridad social real y expuesta a la violencia que acompaña al control territorial de los recursos naturales. El campo mexicano puede crecer y al mismo tiempo ser injusto.
***Los datos estadísticos mencionados en el texto han sido consultados en: INEGI (Instituto Nacional de Estadística y Geografía); de la página web de Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA); Dirección General del Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera; Asociación de Productores y Empacadores Exportadores de Aguacate de México (APEAM); Banco de México (Banxico); Confederación Nacional de Organizaciones Ganaderas (CNOG); Comisión Nacional de Acuacultura y Pesca; Oceana México; Secretaría de Bienestar; y Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural.
Encuéntrame en X como: @Mafer_odi